Manda un barrio o el nombre de un hotel, una hora y una duración; la confirmación vuelve por escrito en la misma conversación, y la terapeuta suele llegar entre cuarenta y sesenta minutos después. Telegram funciona igual de bien que WhatsApp, y lo que no se envíe antes como depósito se salda a la llegada.
Pasan cuatro cosas, en este orden, y ninguna lleva mucho tiempo. Tú escribes. Una respuesta vuelve en la misma conversación con un nombre y una franja. Ella se pone en camino, lo que supone entre cuarenta y sesenta minutos hasta cualquier punto del centro. Pagas el resto cuando ya está en la habitación. Cuando hay depósito, se intercala un paso entre la respuesta y su trayecto: la mitad de la tarifa, enviada con tarjeta, Revolut, Wise o cripto, con datos que solo se dan dentro de la conversación confirmada.
Vale la pena leer bien la confirmación, porque lo que te da es una franja y no un minuto. Cuarenta a sesenta es honesto para el centro casi a cualquier hora, y un margen con el que planificar es mejor que una cifra exacta por la que luego haya que disculparse. Úsalo. Una hora de nuru depende de que la habitación esté caliente cuando se abre el gel, y una habitación de hotel tarda más en calentarse de lo que la gente cree, así que ir al termostato en cuanto llega la confirmación es la única preparación que cambia de verdad la sesión.
Llega vestida para la calle y lleva consigo lo que necesita la técnica: el gel, la sábana impermeable, aceites calientes, toallas limpias. Te escribe cuando está a pocos minutos, así que el número de habitación puede esperar hasta entonces si prefieres no mandarlo pronto. En un hotel, eso se ve como una llegada y no como un acontecimiento, y no se usa ni hay que reponer nada que pertenezca a la habitación.
El resto se salda a la llegada, en la habitación, en euros, con tarjeta, en efectivo o en cripto, lo que te resulte más cómodo; el efectivo en otra divisa principal vale una vez que se te haya confirmado por escrito la cantidad exacta en esa divisa antes de que salga. Las reservas más largas solo se diferencian en que la mitad ya se ha adelantado: una noche completa para un cliente con una terapeuta adelanta la mitad de su precio antes de que ella salga y deja la otra mitad para la puerta, y al final no se añade nada.
Dos notas sobre los extremos del día. Las tres de la madrugada son una hora normal para escribir, a menudo hay alguien del equipo libre también a esa hora, y la tarifa de su perfil es la misma marque lo que marque el reloj. Y aunque una hora suele poder organizarse sobre la marcha, una reserva a cuatro manos o una noche entera se organizan mejor con algo de antelación, simplemente porque tienen que coincidir dos agendas en lugar de una.
Un mensaje que se puede responder de una sola vez suele parecerse a esto: «Hotel cerca de Leidseplein, esta noche a las 23:30, nuru noventa minutos, sin preferencia de terapeuta, pago con tarjeta.» Cinco datos, y cada uno ahorra una ronda de preguntas. Si has elegido a alguien en las páginas de las terapeutas, pon su nombre al principio. Si os alojáis dos, o quieres dos terapeutas, añádelo en la misma línea.
Hay cosas que nunca deberían enviarse. Ni números de tarjeta, ni fotos de documentos, ni dinero antes de que la reserva se haya confirmado por escrito. Si alguna vez te llega una petición de depósito fuera de la conversación en la que se confirmó tu reserva, da por hecho que no viene de la casa.
Supón que escribes a las 22:40 desde una habitación que da a la Herengracht. La respuesta nombra a la terapeuta y da una franja, normalmente de cuarenta a sesenta minutos tras la confirmación. Es la señal para subir la calefacción y tener a mano el número de habitación para luego. Unos minutos antes de que se abra la franja, un mensaje breve suyo dice que está cerca, y tú respondes con la habitación. Una vez dentro, primero va el pago y luego la sábana sobre la cama. Una reserva de noventa minutos dura entonces su tiempo completo, aclarado incluido.
Nada de la llegada llama la atención. Viene sola con un solo bolso, como cualquier visita, y se dirige al número de habitación que le das. Cada edificio pone sus propias normas para las visitas; si el tuyo quiere que los huéspedes las reciban en el vestíbulo, menciónalo al reservar y te buscará allí. Tus datos se quedan en la conversación donde se escribieron, y puedes borrarla en cuanto termine la noche, porque nada de una reserva futura depende de conservarla.
Esto requiere algo más de organización, y cuanto antes se mencione, más amplia es la elección. Para el cuatro manos, pregunta si hay libres dos mujeres que ya hayan trabajado juntas, porque un dúo compenetrado vale más que dos desconocidas hábiles. Para una noche completa, da la hora de inicio y di si la quieres antes o después de cenar. Una pareja debería decir si quiere una terapeuta que se turne o dos trabajando una junto a otra, porque tanto el precio como la duración sensata dependen de la respuesta.
Escribe en la misma conversación en cuanto cambien. Una reunión que se alarga o un vuelo que aterriza tarde merecen un mensaje en cuanto lo sepas, y una reserva más corta o más larga se acuerda en una o dos líneas. Cambiar a otra fecha se permite una vez por reserva, si se pide con más de veinticuatro horas de antelación sobre la hora reservada y la nueva fecha cae dentro de catorce días, con el depósito trasladado; un cambio más tardío, o pedido dentro del último día, se mide con la escala de antelación de la política de cancelación. Si ella ya va de camino, escribe enseguida en lugar de quedarte callado, porque un mensaje claro siempre es más fácil de manejar que una puerta que nadie abre. Para las reservas del mismo día en particular, la página sobre el nuru esta noche trata los detalles, y la guía de la ducha y la sábana explica lo que pasa en el baño.
La mitad de la tarifa del nuru se adelanta en la mayoría de las reservas, incluida una primera, y una cancelación solo cuesta lo que tu antelación ya ha devengado; la hora o dos para el mismo día de un cliente habitual se paga en la puerta. Condiciones de reserva.